La voz de Joskowicz

Antes que nada les pido no adelantar conclusiones. Se que el título es muy sugestivo, hasta cayendo en lo sarcástico, pero les prometo que la lectura les resultará muy enriquecedora. Especialmente a todos aquellos que desarrollan expresiones audiovisuales, ya sea de forma profesional o amateur. El texto no se limita a hacer una contra crítica; es un llamado para los nuevos creativos audiovisuales, no exclusivamente los de cine. Está medio “largo”, no se desesperen. C. Bermejo

 

¿Es el cine un arte de analfabetas?

Alfredo Joskowicz

 

El 6 de Julio de 1996, e un homenaje que la Cineteca Nacional y el Instituto Goethe rindieron al director alemán Werner Herzog, quien se encontraba presente en la sala -llena a reventar- y quien después de la exhibición de su película Grito de piedra (1991) subió al estrado para responder –en un rudimentario pero articulado español- durante casi una hora a las preguntas del público, escuché formular a Herzog una frase notable: ‘El cine es un arte de analfabetas’.

Si un director de cine de la talla y el prestigio internacional de Herzog dice públicamente cosas semejantes, debe tener razón. Sentí entonces una gran liberación. No había duda que yo había vivido en el error durante casi veinticinco años tratando de formar cineastas pensantes. De golpe se me quitó de encima la enorme responsabilidad moral del pedagogo. Dormí esa noche de maravilla. ¿Para qué batallar más con la completa metodología de la enseñanza cinematográfica? Qué insensatez tratar de perfeccionar por años un plan de estudios dividido en semestres, con 58 materias a cursar y docenas de ejercicios a evaluar. ¿Para qué seguir insistiendo en transmitir las reglas de la gramática y una sintaxis del lenguaje y las estructuras cinematográficas, tan difíciles de asimilar y aplicar por los estudiantes de la materia, si el cine, como dice Herzog, es un arte de analfabetas? ¿Por qué luchar a brazo partido para encontrar criterios racionales y estructurados, para comunicar los conocimientos técnicos, narrativos y estéticos acumulados durante un siglo, si lo que importa en el cine a fin de cuentas –según el planteamiento implícito de Herzog- es la sensibilidad y el talento natural, que la alfabetización evidentemente pueden dañar?

Que tranquilidad, me dije, poder contestar a todas las preguntas e inquietudes de los cineastas en ciernes con una respuesta tan contundente como: ‘No te preocupes, el cine es un arte de analfabetas, confía en tu intuición, mientras menos sepas sobre la disciplina, mejor’.

Pensé también que en caso de emergencia, si la intuición del cineasta en ciernes flaqueara, sería muy útil que se pudiera disponer de una Terminal de computadora, con el e-mail de Herzog a mano, para que el interesado pudiese hacerle en todo momento las consultas que considerara necesarias ¡Qué maravilloso ahorro de personal académico, de servicios escolares, de burocracia administrativa y de todo lo demás!

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El problema está en que no todos los aspirantes a cineastas son Werner Herzog, un autodidacta con luz propia, que no pasó por una escuela de cine –de hecho su estancia en la Universidad de Pittsburg, donde intentó estudiar cine y televisión gracias a aun a beca Fullbright, duró tres días-. Un autodidacta, decía yo, que gracias a la combinación de una sensibilidad muy particular, una energía física descomunal y una demoníaca habilidad para llevar a la pantalla proyectos descabellados, ha conseguido destacar mundialmente como un reconocido autor cinematográfico. Para un personaje así, no hay escuela ni proceso de enseñanza que valga. Se trata de un “iluminado” que encontró en el cine una forma de comunicación con los demás, y que fue descubriendo y asimilando los secretos técnicos del oficio a medida que lo practicaba.

Para decirlo de una vez, Herzog no necesitaba de una forma académica –y desde luego no cree en eso-, porque la originalidad de su percepción sensible y los muy marcados rasgos de carácter que he ciado, constituyen en sí una fuerza de la que fue dotado, que es antagónica al conocimiento analítico y con mucha frecuencia discursivo, con el que las materias relacionadas con el cine se imparten en las universidades.

En lo que Herzog no es para nada original, es en el hecho de considerar inútil, o en todo caso innecesaria, la formación académica para “hcer cine”. Aunque parezca increíble, ésta es una idea mucho mas extendida de lo que podría imaginarse. Y lo que es más grave es que esta forma de pensar se encuentra fuertemente arraigada en muchísimos de los profesores que se ocupan con transmitir conocimientos relacionados con el cine. Es decir, la iglesia está muy frecuentemente en manos de Lucero.

[…]

Lo reconozca públicamente o no, Herzog es un “escribiente cinematográfico”, porque transmite ideas, sensaciones y emociones mediante el registro articulado de imágenes y sonidos en movimiento y sobre todo en secuencia, que forman parte de un código que el público es capaz de entender: es decir, que utiliza un lenguaje cuya forma de organización es legible en profundidad. Porque de lo contrario estaríamos en el terreno de la onomatopeya: es decir, la pura emisión de “vocablos” que imitan el sonido de la cosa que tratan de nombrar o de expresar.

Los cineastas onomatopéyicos, a quienes suelo referirme como analfabetas funcionales porque piensan que para hacer “cine” basta usar imágenes en movimiento –pero no necesariamente en secuencia-, se multiplican hoy en día con proporciones geométricas, en buena medida gracias al fácil acceso al video y a las nuevas tecnologías, pero también a la gran oferta de cursos, cursillos, talleres y diplomados de todo género que se imparten dentro y fuera de las universidades, en la gran mayoría de los casos de manera anárquica y superficial. Porque lo cómodo en términos docentes es apostar a que: ‘A hacer cine no se enseña’. Así, el docente de la materia tiene la coartada perfecta. No hay por qué establecer incómodos criterios de evaluación que siempre serán impugnables, pues en el terreno del arte –según creen los espíritus cientificistas- todos es aleatorio y desde luego, subjetivo.

Si el estudiante tiene sensibilidad y alguna capacidad de organización, y dispone de algunas herramientas básicas como una camarita de video, unas luces y una isla de edición, es posible que, sin muchos conocimientos y sin mucho método, consiga plasmar algo semi legible en pantalla. Lo cual será suficiente para que el profesor, sus compañeros, sus amigos, los amigos de sus amigos y su familia sientan que están frente a un cineasta en ciernes, y que el interesado se lo crea.

Es a ese fenómeno docente al que se suele designar como “enseñanza cinematográfica” en la mayor parte de los departamentos de cine y video de las carreras de ciencias de la comunicación que conozco; y también en muchas escuelas y talleres que se dicen de cine. Quizás en el fondo de este espinoso asunto subyace un malentendido que valdría la pena aclarar.

Creo que cuando Herzog dice que el cine es un arte de analfabetas, está indicado que quienes hacemos cine pensamos más en el lenguaje de las imágenes que en el de las palabras. Pero a fin de cuentas en un lenguaje cuyo código y forma de articulación difieren ciertamente de las reglas que norman la palabra escrita.

No hay escritor, que se precie de serlo, que se sienta orgulloso, de su mala redacción y de sus faltas de ortografía; o quien crea que poniendo una palabra tras otra, sin gramática ni sintaxis, va comunicar una idea, un sentimiento o una emoción importante.

Pero sí ha perneado en la actualidad, de manera notable, la falsa convicción de que plasmar en la pantalla imágenes sin articulación y sin estructura es una forma de “hacer cine”. Yo registro detrás de esto más una necesidad de autosatisfacción y autocomplacencia que de comunicación. Y así no hay reglas de lenguaje que valgan, ni voluntad de enseñarlas.

La enseñanza cinematográfica no puede, pues, reducirse a cursillos y talleres para adiestrar a los estudiantes en el uso del equipo de video y cine. Se trata de enseñarlos a narrar, y para narrar hay que saber escribir. Hay que conocer un conjunto de reglas de gramática para pasar del espacio tridimensional a la bi dimensionalidad de la pantalla cinematográfica. Hay que conocer los elementos básicos de la sintaxis y de la estructura filmo dramática para contar una historia. Hay que darles, en suma, una formación de fondo en disciplinas muy complejas y difíciles de asimilar, donde la intuición y la sensibilidad se enfrentan con la ignorancia, y obstaculizan la posibilidad de expresión.

Todo el mundo sabe que aceptar, tolerar o propiciar cualquier clase de analfabetismo, integral, o funcional, es condenar a una sociedad o una nación al atraso y a la dependencia económica, científica y tecnológica. Pero lo que es mas grave en este caso, es que alertar o ser cómplice del analfabetismo en el manejo de imágenes en movimiento y secuencia, no sólo conduce a la dependencia de historias ajenas, sino a la paulatina anulación de una narrativa cinematografía propia.

 

Extracto de “Enseñanza de la cinematografía” ; Cuadernos de Estudios Cinematográficos, 2006.

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Interesante, contundente! Aunque claro… debatible. Mas adelante les dejo mi opinión… mientras espero lean un par de veces este texto. Hasta la próxima.

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3 pensamientos en “La voz de Joskowicz

  1. Gothic_Dogma dice:

    Se le puede enseñar a un simio (o a un elefante), como sostener un pincel para que garabatee un par de lineas coloridas sobre un lienzo en blanco, y así, asombrar a los turistas domingueros del zoológico que pasean despreocupados, pero jamáz le podrás enseñar a ese simio (o al elefante) como plasmar un verdadero mensaje a travéz de la pintura…

    Sucede exactamente lo mismo con la doscencia del arte… Le puedes enseñar a alguien la historia y la técnica del arte, pero jamáz le podrás enseñar la sensibilidad artística que se requiere para crear algo verdadero y perdurable…

    Espero no te moleste si te cito y uso tu texto en mi respectivo espacio, claro, dando las referencias pertinentes ^^

  2. ZeBermejo dice:

    mmh… creo que te saltaste parte del artículo donde habla de parte de eso. Ya que Joskowicz habla precisamente de como se puede enseñar a operar equipo, pero eso no es lo mismo que enseñar. arte…

    Me parece interesante tu comentario… abre las puertas a otro debate, pero creo que no es lo que el autor estaba debatiendo. Pero gracias por el comentario.

    por cierto… ¿Cuál es tu espacio? … y claro, todo lo publicado es para compartirlo.

  3. jorge joskowicz zurita dice:

    me gustaria tomar contacto con el Sr. Alfredo Joskowicz, a pesar de tenerlo en internet, no he podido conseguir su email, si me lo podrian facilitar les agradeceria mucho. No estoy en el rubro de la cinemateca, soy de profesión Arquitecto y resido en Santa Cruz Bolivia.

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